predicaciones en serie

Teologia  Pastoral-

Una serie de sermones, con frecuencia ayuda para mantener el interés de una congregación. La práctica también se presta para propósitos de publicidad y bien puede atraer la atención de la gente que no tiene membresía en la iglesia. La continuidad del pensamiento tratara de estimular la regularidad en la asistencia. Las series de sermones no deben ser demasiado largas. En algunos casos extraordinarios, puede  haber hasta diez. Generalmente, cuatro o seis sermones son suficientes para una serie. En muchos casos será una serie para la mañana o para la noche. Pero algunas bien pueden ser adecuadas para ambos servicios.

Las posibilidades de la predicación en forma de sermón son muchas y variadas. Para los servicios de la mañana hay capítulos de la Biblia que se presentan muy bien a este plan. Tenemos por ejemplo el capítulo trece de primera de Corintios, el capítulo 1 de primera y segundo de Pedro, el Salmo 51 y muchos otros. Hay libros de la Biblia que pueden cubrirse en una serie de sermones: Filipenses, Efesios, I Tesalonicenses y la profecía de Oseas, son ejemplos. Otras secciones de la biblia, como los Diez Mandamientos, las Beatitudes, y la oración de nuestro Señor Jesucristo, ofrecen muchas posibilidades. Puede haber también  una serie sobre  las grandes doctrinas cardinales de la Iglesia. Frecuentemente puede haber una serie de sermones sobre santidad, sobre doctrina, sobre la experiencia y la ética.

Hay ciertas temporadas apropiadas que se adaptan a una serie de sermones consecutivos. La temporada de Navidad puede bien marcarse por cuatro o cinco sermones sobre la venida de Cristo. Un año será Cristo en la profecía, otro año será la exposición  de las historias del Nuevo Testamento que tienen que ver con el nacimiento de Jesucristo. En otro año, el predicador puede tratar con los varios nombres que se le dan al Señor como Emmanuel, Jesús, Cristo y Príncipe de Paz.

La temporada de Resurrección también ofrece algunas grandes oportunidades. En una cuaresma bien pueden tomarse siete palabras de Cristo en la cruz. Puede dedicarse a la delineación de los personajes que se relacionaron con la cruz. En otro año, bien puede hablarse del significado de la cruz en la experiencia cristiana. Seria excelente tener una exposición en forma de series del capítulo 17 de San Juan. Cada año descubrirá el predicador estudioso algunas nuevas líneas de pensamiento que presenten el mensaje desde un punto de vista nuevo. Todos estos sermones pueden culminar en el sermón de Resurrección que se da el domingo final.

Convendrá a veces seguir los sermones de Resurrección con otros que tengan que ver con la aparición de Cristo después de haber resucitado de entre los muertos y antes de su ascensión. O una serie de sermones sobre el Pentecostés que lleven hasta el domingo de ese día, harán mucho bien en una iglesia para demostrar algunos eventos interesantes en la historia de la Iglesia Cristiana. En otra ocasión pueden darse series sobre la personalidad y ministerio del Espíritu Santo basadas en el discurso de Jesucristo en los capítulos del 14 al 16 del Evangelio de Juan.

El pastor debe planear con todo cuidado los mensajes que tengan que ver con una campaña evangelística. Una serie de sermones sobre la fe, la oración o la visitación   evangelística personal le ayudaran grandemente para preparar la iglesia para ganar almas durante la campaña. Después, cuando la campaña haya terminado, el fruto de ella debe conservarse y con ese fin los mensajes del pastor prepararse adecuadamente. En esta ocasión es bueno dar una serie de sermones sobre la entera santificación. Un curso sobre la santidad de vida no debe hacerse a un lado ni tampoco un grupo de sermones sobre la iglesia  y membresía en el cuerpo de Cristo. Puede incluir temas que traten con la amistad cristiana, con el testimonio y el servicio.

Hay muchos otros canales que nos llevan a recalcar esferas del pensamiento para el servicio de la noche. Su desarrollo debe dar estímulo, inspiración y placer al pastor y revelará al pueblo cristiano, los tesoros inescrutables de la verdad que se encuentra en la Palabra de Dios. La mayor parte de ellos pueden adaptarse a una invitación evangelística. Entre ellos contamos las parábolas de Cristo. Hay siete en el capítulo 13 de Mateo. Son tres en el capítulo 15 de Lucas la oveja perdida, la dracma perdida, el hijo prodigo. Esta parábola del hijo prodigo ofrece material para tres sermones. Puede llamarse, “el hijo menor”, “el hijo mayor” y “el padre fiel”. Hay muchas otras parábolas que nuestro Señor Jesucristo mencionó y que están llenas de verdad evangélica y de valores incalculables.

También tenemos los milagros de Jesucristo ¡Qué estudio tan intrigador y cuán hermosamente claros cuando se dan en su interpretación adecuada! Hay posibilidades sin límite en la agrupación cuidadosa de personajes bíblicos para una serie de sermones tales como los grandes hombres del Antiguo Testamento: Abraham, Jacob, José, Samuel, Moisés, David, Elías. O una serie sobre la vida de personajes como Abel, Lot, Isaac, Josué, Eliseo, Uzzías y Amós. Tenemos los grandes hombres del Antiguo Testamento puede uno escoger los doce apóstoles y Pablo así como sus compañeros Bernabé, Juan, Marcos, Timoteo, Tito, Apolos, Demas, y otros más no muy bien conocidos.

Además, hay épocas grandiosas de la historia del Antiguo Testamento como la creación, la caída, el diluvio, la confusión de las lenguas en Babel, la salida de Egipto, la promulgación de la ley, la cautividad babilónica y retorno del exilio. En todos  los libro históricos hay incidentes de interés particular que esperan ser descubiertos y desarrollados en sermones de poder y bendición. Algunos de ellos son la historia de la Pascua, el cruce del mar Rojo, la rebelión de Israel en Cades-Barnea, el cruce del Jordán, la caída de Jericó, el fracaso de Hai, el mandato al sol y a la luna a que permanecieran quietos en el valle de Ajalón por Josué.

Otras series de mucha bendición bien pudieran ser sobre la segunda venida de Cristo. El pastor sabio ha de evitar las frases especulativas y controversiales de la  doctrina. Pero encontrará en ella  verdades gloriosas que estimulen la fe y fortalezcan la esperanza del pueblo de Dios. Pueden mencionarse algunas amonestaciones solemnes para los que estén dispuestos y listos a encontrar al Señor en su venida.

Puede arreglarse una serie sobre las perfecciones de la vida y carácter de nuestro Señor Jesucristo. Esta clase de predicación presentará posibilidades excepcionales al pastor para mencionar los ideales de la conducta y de la ética cristiana delante de aquellos sobre quienes el Espíritu Santo le ha puesto como director.

En seguida presentamos un programa de predicación para el año. Por su puesto que un temario como éste ha de estar sujeto a cambios debido a incidentes inesperados. Se pretende ofrecer un campo amplio de verdades bíblicas y de incluir las varias situaciones de la predicación evangélica, así como un programa bien equilibrado. Este programa se ha arreglado para cincuenta y un domingos del año dejando el resto para que el ministro arregle su propio título y material.

Domingo 1

Mañana – Un Camino Desconocido. Texto: Josué 3:4

Noche – Un Año Más. Texto: Lucas 13:6-10

Domingo 2

Mañana – El Compañero Constante (Servicio de Comunión). Texto: Mateo 28:20

Noche – El Imperativo de la Salvación Personal. Texto: Mateo 25:8-9

Domingo 3

Mañana – El Fundamento Seguro. Texto: II Timoteo 2:19

Noche – El vestido de Boda. Texto: Mateo 22:12

Domingo 4

Convención de Santidad o Servicios Especiales sobre la Juventud. (Orador Especial).

Domingo 44

Mañana – Un Sacrificio de Alabanza. Texto: Hebreos 13:15

Noche – Cristianos Guiados por el Espíritu. Texto: Romanos 8:14

Domingo 45

Mañana – Unidad de los Santificados. Texto: Hebreos 2:11

Noche – Demás, el Desertor. Texto: II Timoteo 4:10

Domingo 46

Mañana – El Más Bienaventurado. Texto: Hechos 20:35

Noche –Profecía de la Segunda venida de Cristo. Texto: Isaías 63:1

Domingo 47

Mañana – El Segundo Reposo. Texto: Mateo 11:28-30

Noche –El Retorno de Cristo Prometido. Texto: Juan 14:3

Domingo 48

Mañana – El Nacimiento de Cristo. Texto: Isaías 7:14

Noche –Señales de la Venida de Cristo. Texto: Mateo 24:3

Domingo 49

Mañana – He aquí mi Siervo. Texto: Isaías 42:1

Noche –Descripción del Retorno de Cristo. Texto: I Tesalonicenses 4:16,17

Domingo 50

Mañana – Un niño no es nacido. Texto: Isaías 9:6

Noche –“El Ungido”. Texto: Isaías 61:1

Domingo 51

Mañana – La Palabra Permanente. Texto: I Pedro 1:25

Noche –Dios, Nuestra Ayuda y Nuestra Esperanza. Texto: II Timoteo 1:12

El pastor – Evangelista

            Hay un lugar en el orden divino para el oficio del evangelista. La Biblia lo expresa con claridad. “Y dio unos….evangelistas; y otros, pastores y doctores.” Para llenar el oficio que él ha establecido, Dios ha llamado muchos como evangelistas. De acuerdo con su llamado, ha capacitado a éstos con dones y virtuales para el cumplimiento de su trabajo. En ocasiones las excentricidades mismas que son obstáculos  en un individuo como pastor, le ayudan como evangelista. Los que han tenido mucho éxito en el campo del evangelismo han dedicado la mayor parte de los años de su ministerio al trabajo de avivamiento. La iglesia en general debe mucho a estos hombres que tienen un ministerio distinguido así como un mensaje distinto. Debemos concederles un lugar y preservar el oficio de evangelista en la iglesia. Queremos que todos honren al evangelista y le den todo estímulo posible en el trabajo al que Dios le ha llamado.

            Después de haber declarado lo anterior, cabe decir, sin embargo, que en un sentido más amplio, todo el que ha sido llamado por Dios para predicar su evangelio, es evangelista. Pablo le dijo a Timoteo, “Haz el trabajo de evangelista, cumple tu ministerio.” La prueba del ministerio se encuentra en las almas que él gana para Cristo. Todo predicador es un proclamador del Evangelio, que es las Buenas Nuevas del amor y de la gracia hecha manifiesta en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

Amor por los perdidos

            El pastor debe tener un corazón de evangelista. Debe estar motivado con un amor creciente por los perdidos. Debe participar en la obra redentora de su Señor y Maestro. Debe ser “El Heraldo de la Pasión”. Debe ser un “sabueso del cielo” buscando los pecadores y alcanzándolos para rescatarlos como el hijo pródigo. Debe absorber el Espíritu de Cristo, quien dijo, “El hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Debe sentir que hay tanta afinidad entre el trabajo que hace y el trabajo que Jesucristo hizo, que el llevar la cruz sea un gozo y que el sufrir por él para bendecir a los demás sea un placer.

            Es pastor-evangelista, cubre por la necesidad la extensión total de la verdad evangélica. Pero tiene que predicar todo el tiempo, cualquiera que sea su tema o texto, con la convicción de que está predicando para salvar almas humanas. Debe conservar definido en su pensamiento objetivo de la predicación, que es el de esperar que alguien, si no todos los que lo oyen, hagan una decisión. Predica con el fin de obtener un veredicto. Es probable que no sea la decisión grande y extraordinaria de aceptar a Cristo como su salvador en ese momento, pero será una decisión de andar en la luz que recibe, de contestar al llamamiento de Dios, de obedecer los dictados de una conciencia iluminada, de consagrar una vida al servicio de la iglesia, de hacer lo correcto cuando está uno tentado a hacer lo malo. La predicación nunca debe ser casual y sin objetivo. Hay que predicar con un propósito. No hay que estar contentos sino hasta que se obtenga este objetivo.

            Pero no solo la predicación del pastor debe estar saturada del espíritu evangelístico, sino que todo lo que hace, ya sea en preparación del sermón o en la predicación, ya sea visitando a sus miembros o dirigiendo a la iglesia en un programa de construcción, y ya sea reuniéndose con sus varias juntas, concilios, comités o asistiendo a alguna excursión de la escuela dominical o de las sociedades de jóvenes, todo debe ser con el punto de vista de salvar almas y de fortalecerlas en la gracia y en el conocimiento del Salvador.

EVANGELISMO- EL PROGRAMA DE LA IGLESIA

Además, el programa total de la Iglesia debe dirigirse al cumplimiento de su misión redentora. Debe fundirse en la actividad de todo departamento de la Iglesia. El evangelismo incluye todo lo que se ha hecho para guiar a los hombres a Jesucristo y prepararlos para un hogar en el cielo. Alguien ha dicho que “sólo hay un departamento en la iglesia y este es el departamento de evangelismo.” Esto parecerá demasiado exagerado a primera vista, pero mientras más tratemos esta verdad más lograremos darnos cuenta de veracidad. Todo ministro  o maestro, todo servicio de adoración o compañerismo, ha tenido que ver con la salvación de almas y por tanto es evangelismo.

 En la escuela dominical

La escuela dominical se considera por algunos como la agencia educativa de la iglesia. Efectivamente, su programa consiste en incluir instrucción en el conocimiento de la palabra de Dios, pero sólo puede tener resultado cabal si es evangelística en espíritu y propósito. Puede ser precursora de la obra misionera doméstica. Es la puerta abierta para un mundo necesitado. Ofrece un excelente campo para visitación y evangelismo personal a través de sus departamentos y clases organizadas. Las reuniones de evangelismo para los niños y para los jóvenes pueden llevarse a cabo en tiempos apropiados. Aún su programa de instrucción tiene significado vital sobre la conversión de los inconversos, la santificación de los creyentes, y el fortalecimiento de los convertidos en la experiencia cristiana  su progreso en formar el carácter santo.

            En Grupo de Jóvenes

            Las sociedades de jóvenes están arregladas para dirigir a la juventud de la iglesia en su práctica devocional, en sus tiempos de compañerismo y en el desarrollo de las cualidades de liderato. Esto también tiene implicaciones evangelísticas. Además, hay muchas cosas que pueden arreglarse dentro del plan de acción de la sociedad local para dar un énfasis evangelístico más directo. Entre ellas se encuentran la visitación   evangelística, las reuniones al aire libre, servicios en los hospitales y en los hogares para los ancianos y convalecientes, en las cárceles y lugares semejantes.

En la sociedad misionera

La sociedad misionera de la iglesia procura la educación de sus miembros en el conocimiento de los campos misioneros, en la oración y en la contribución de ofrendas. Pero por su propio nombre y por su propósito decidido es principalmente evangelística. Todo departamento de la iglesia es evangelístico.

En el servicio del Domingo en la noche

El servicio del domingo en la noche es un factor importante para sostener el espíritu de evangelismo en una iglesia. En esta reunión toda la atmosfera debe dirigirse hacia la salvación de las almas. La forma y dignidad del servicio de adoración de la mañana pueden modificarse también.

La Música

El canto de himnos y coros espirituales que originan entusiasmo y libertad debe cultivarse. Los testimonios breves, espontáneos y al punto, ayudan mucho. Si el pueblo acepta esto, debe aprovechar la oportunidad que se le da. Los miembros selectos de una iglesia no deben ser los únicos que deben testificar. Claro que ellos lo harán, pero siempre es bueno que haya otros que, juntamente con ellos, procuren testificar de la gloria de Cristo.

La Predicación  

La predicación debe ser cándidamente evangelística; no siempre acerca del pecado o el infierno o el castigo del pecado imperdonable, aunque en ocasiones bien  pueden tomarse estos asuntos. Puede ser doctrinal. Debe predicarse sobre asuntos como la expiación, la fe, el arrepentimiento, la gracia preveniente, la justificación, la regeneración, el nuevo nacimiento, la carnalidad, la consagración, la eterna santificación, la segunda venida de Cristo y el cielo. En todo esto puede haber un intento evangelístico. Sermones acerca de personas, exposiciones sobre milagros y parábolas de Cristo, los grandes eventos en la historia bíblica, todo esto le da al pastor una fuente ilimitada de material para la predicación evangelística. Puede predicar usando los grandes textos de la biblia y desarrollarlos textual o expositivamente.

La predicación evangelística debe dar lugar prominente  a las buenas ilustraciones. No se necesita que las ilustraciones sean horribles, ni trágicas, ni todas tienen que terminar en la muerte del personaje. Los resultados de las ilustraciones de este tipo son muy temporales.

El sermón de la noche debe ser breve, cuando más entre 25 y 35 minutos. El mensaje del domingo en la noche siempre debe llevar a una conclusión: la invitación para buscar al Señor como salvador y santificador.

Ganando una decisión

Esto nos lleva al asunto de llamamiento al altar. Aquí es donde los pastores son frecuentemente tentados a creer que los resultados inmediatos son la única norma de éxito o de fracaso. Necesitamos resultados. No queremos estar atados. El hecho de que la gente no venga al altar, no es señal de que la palaba de Dios haya carecido de resultados. Debe haber tiempo de sembrar así como tiempo de cosechar. Vale más dejar que el fruto madure antes que cosecharlo verde.

Muchos miembros de iglesia y hasta amigos, se pierden por el hecho de tratar de llevarlos al altar antes de tiempo. Habrá algunos que estarán listos para hacer una decisión la primera vez que están en un servicio. Pero estas personas son excepciones más bien que la regla. La mayoría debe estar preparada para este paso con la diligencia y habilidad. Probablemente el pastor necesite hacer muchas visitas a la casa antes que se haga la importante decisión. La confianza del candidato debe ganarse. Una amistad sincera y de valor debe cultivarse. Es probable que se necesite mucha oración para hacer desaparecer la indiferencia que lleve.

Visitación Pastoral

Si la predicación es la responsabilidad primaria del pastor, entonces la responsabilidad secundaria es la visitación pastoral. De hecho, ambas son tan esenciales que una de ellas no puede alcanzar su efectividad más alta sin la ayuda de la otra. El pastor que vive solo en su cuarto de estudio leyendo, orando y escribiendo, se sentirá tan lejos de su gente que su predicación será irreal y demasiado teorética, no importa qué tan bien se haya preparado.

Por el otro lado, el que hace a un lado su estudio y su cámara secreta de oración, para dedicarse a visitar sólo su pueblo, está en peligro de que la frecuencia de sus visitas haga a un lado lo especial de su presencia personal entre una familia. La sublimidad y santidad de su carácter pueden rebajarse hasta el grado de que, por la mucha familiaridad no sea respetado. En ocasiones, a la gente le gusta el predicador que da un fuerte apretón de manos o que pega en las espaldas, pero a veces pierden el respeto que a él le deben como el hombre por medio de quien Dios habla.

Las demandas para la predicación efectiva dan nobleza y sublimidad a la mente y espíritu del pastor, ya que lo mantienen en un nivel que eleva a la gente con quien se asocia. Su obra como pastor del rebaño viviendo con él, compartiendo sus cargas, sus perplejidades, sus tristezas y su gozo, hace que su ministerio de predicación sea práctico y viene a ser como el pan de vida para las almas humanas.

Un complemento a la predicación

            Algunos predicadores bien pueden tener un éxito envidiable sin pasar mucho tiempo e las vistas. Pero sin duda que su éxito es menor de lo que pudiera ser porque han dejado a un lado una parte importante de su trabajo. No importa cuán grande sea la iglesia, ni cuán bien dotado esté el predicador de talento, necesita el roce común que viene a los que están en constante visitación entre su pueblo. Algunos pastores con corazón apacentador tienen éxito en cierta medida cuando le dan atención secundaria a la predicación. Pero nadie sabe cuán lejos del nivel ideal divino queda el ministro cuando no hace esfuerzo  fiel de predicar la palabra en demostración del Espíritu y poder.

            Que haya individuos limitados en cuanto  a su capacidad para predicar y beneficios con un instinto pastoral deseable, es cosa que aceptamos. Pero no deben excusarse con una predicación débil y sin potencia por el hecho de que sean proficientes en la visitación pastoral. Tal persona requerirá aún mayor diligencia de sí mismo en la preparación del sermón. Sabiendo donde está su debilidad, debe tratar por todos los medios posibles, de fortificar su ministerio en ese punto. Phillips Brooks dijo, “el predicador que no es un pastor se vuelve remoto; el pastor que no es predicador se vuelve pequeño.”

            Resulta también cierto que el hombre dotado de la cualidad de predicador de sermones y buen organizador no debe hacer a un lado la necesidad de la visitación pastoral. Por bien propio y por causa de su pueblo así como por causa de Cristo, debe entregarse a la tarea, no importa cuán desagradable le sea hasta que aprenda a hacerla con gozo. El especializarse en cosas que a uno le gustan es admitir la debilidad y carencia de disciplina propia adecuada. El pastor efectivo debe hacer lo que tiene que hacer. Descuidará que la felicidad se encuentra no en hacer lo que él quiere, sino en desear lo que tiene que hacer. Por tanto, que el predicador del tipo Elías cultive el ministerio tipo Eliseo que parece ser un ministerio ordinario; y que los Elíseos procuren también ser como Elías. Esto no significa que no deba uno de ser natural en lo que hace, sino más bien que haya que practicar las cosas que nos gustan menos hasta que nos sean un gozo, y bendición para los demás. Para citar otra vez a Phillips Brooks diremos que “el primer negocio del predicador es conquistar la tiranía de sus gustos y estar siempre listo para su trabajo.”

            Hay gozo tanto en la visita pastoral como en la preparación de los sermones. Pero se duda de que la persona que hace a un lado ambos, haya alguna vez gozando la alegría sublime que viene en el conocimiento de que ha hecho lo mejor que ha podido en ambas fases de su ministerio  pastoral. En dominar el arte de la predicación y al mismo tiempo adquirir pericia en la visitación, el pastor ha llegado a la sublime culminación de satisfacción como ministro de Cristo.

            Por tanto, todos los que esperan servir en la iglesia como pastores deben decidirse de una vez por todas que no tratarán de excusarse en el cumplimiento de su deber de visitar en los hogares de su pueblo. Acéptese esta tarea como una de las dos responsabilidades primarias y decídase que se harán todas con gusto y alegría.

La Técnica

Haciendo planes para las visitas

            Una pregunta frecuente es ésta, “¿Debe ser la visitación pastoral sistemática o espontánea?” Quizá la manera más fácil de contestar sea que debe ser ambas. Si uno depende enteramente del impulso espontaneo para decidir cuándo debe uno visitar, se encontrará uno sin duda en algunas casas más frecuentemente de lo que es necesario y prudente. Este punto debe evitarse celosamente, en primer lugar, porque puede causar envidia entre los miembros que a su vez origine disgustos. La segunda razón es que el pastor será criticado personalmente, y si alguien “la trae con él”, se verá acusado de indiscreción, cosa que podría arruinar su ministerio. Por tanto, todo pastor debe procurar visitar sistemáticamente a todos los miembros de su iglesia procurando no omitir a nadie durante el tiempo que tiene disponible para este trabajo, junto con sus otras ocupaciones en la iglesia.

            Por el otro lado, un pastor muchas veces tiene que variar su horario e ir a donde el Espíritu le lleve, puesto que es probable que allí encuentre alguna necesidad especial de la cual nunca ha sido informado. Además, hay algunas ciertas condiciones hogareñas que requieren que el pastor visite el hogar con más frecuencia. En caso de enfermedad prolongada o de muerte, es necesario visitar una o dos veces a la semana. Entre los ancianos y débiles puede hacerse una visita una vez al mes. Ordinariamente, el pastor debe tomar en cuenta el tamaño de la membresía de su iglesia y el número de personas de que es responsable y hacer planes para visitar cada casa cuando menos una vez cada tres meses o una vez el año de acuerdo con el tamaño de la congregación.

            Algunos pastores anuncian el día y hora de su visita para que los que están allí se preparen para recibirlos. En ocasiones hasta envían aviso de que esperan visitar el hogar. Esta práctica a veces puede ser ventajosa puesto que algunos pueden hacer planes para estar en casa. Pero otros, que necesitan más el pastor y que no están dispuestos a admitirlo, es probable que hagan planes para estar ausentes. Al llegar sin anunciarse es probable que no encuentre algunos, pero siempre pueden volver. Si ha hecho varios intentos sin resultado, puede dejar su tarjeta de manera que se descubran cuando menos sus buenas intenciones. La práctica mejor y más generalizada es el ir y confiar en que el tiempo será apropiado  y si no lo es, tratar de ir otra vez en el tiempo más conveniente. Ante todo, las visitas no deben considerarse como algo obligatorio, como una ejecución rutinaria. Deben ser la indicación de un corazón genuinamente interesado y un interés por el bienestar espiritual de aquellos sobre los cuales el Espíritu Santo ha puesto al pastor como apacentador.

Número de Visitas

            Esto, por supuesto, nos lleva a la pregunta de, ¿cuántas visitas debe hacer el pastor al año? Algunos informan hasta dos mil visitas. Esto quiere decir que hacen cuarenta visitas cada semana si se consideran dos semanas para vacaciones sin contar son alguna irregularidad en cuanto a horario. No es imposible, pero se duda de que el pastor término medio, pueda mantenerse este número de visitas si es que va a dar gran parte de su tiempo a otros deberes. Mil visitas al año es un buen promedio.

Duración de la Visita

            Otra de las preguntas es la siguiente, “¿Qué tanto debe durar una visita?” Esto también varía de acuerdo con el propósito de la visita y las condiciones existentes en el hogar donde se visita. Las visitas para los enfermos nunca deben ser largas. Pueden durar entre cinco y diez minutos y es probable que sean más cortas a menos de que se detenga al ministro para otro asunto. Si la visita se ha hecho con el fin de hacer un servicio particular, al terminar de arreglar el asunto, el propósito de la visita ha terminado también.  Es probable que sea con el fin de invitar a alguien  a las reuniones especiales. En ese caso no será necesario ni siquiera entrar y si entra uno, no debe sentarse. Si al hacer una visita, se encuentra uno con que hay otros visitantes allí, lo más correcto es pedir perdón por llegar en momento inesperado, y prometer volver despidiéndose desde luego. Si es obvio que la gente está ocupada, el despedirse luego, será altamente apreciado por los de la casa.

            Si se hace la visita con el fin de hablarle a alguno de Cristo o con el fin de hablar acerca de la membresía en la iglesia o algún otro problema espiritual, es conveniente ser poco más deliberado. Quizá se necesiten treinta minutos o toda una hora. Sin embrago, si se espera durar este tiempo en una visita, vale más hacer una cita especial. De esta manera, no se pondrá a la familia es aprietos.

Cómo llevar a cabo la Visita

Las visitas pastorales son profesionales, de acuerdo con el uso correcto del término. Toda visita hecha con el propósito de hacer bien a las almas de los humanos ya sea en la casa, en la oficina, en el hospital, en el taller o en el campo, puede considerarse como una visita pastoral. Por tanto, no debe degenerar al nivel de una visita social. La conversación debe sostenerse siempre en el nivel alto. Puede ser jovial en ocasiones y bajo especiales circunstancias, pero siempre debe ser deseado. Las bromas y chistes deben excluirse de esta clase de conservación. La conversación bien puede principiar hablando acerca de la temperatura, el trabajo, el negocio, las cosechas, la política, o los eventos del día, pero siempre debe de terminar en el nivel de la iglesia, de la religión o del testimonio pastoral de la bondad y gracia de Dios.

La lectura de la Biblia o la oración se determina por el carácter del hogar o lugar en donde se visite. Donde es probable que el pastor se avergüence o que la persona a quien él está visitando se avergüence, es mejor que no se ore. Muchas ocasiones, sin embrago, la visita no es completa sin que se lea alguna porción de la Biblia o se cite algún pasaje y se haga oración. El pastor sabio cultiva siempre la capacidad de darse cuenta de la situación y actuar de acuerdo con ella. En cualquier caso la lectura de la Escritura siempre debe ser breve y apropiada. Es mejor que la persona se familiarice de antemano con su pasaje con el fin de darse cuenta de que no hay ninguna alusión embarazosa para la familia.

Un joven predicador estaba visitando su novia. Se le dio la Biblia y se  le pidió que dirigiera la oración. Sin darse cuenta, abrió la Biblia en el capítulo   13 de Hebreos y principió a leer así, “No olvidéis la hospitalidad, porque por ésta algunos sin saberlo, hospedaron ángeles.” Esto hizo que su novia y su futura cuñada se sonrieran. Mientras estas personas procuraban dominar su risa, el joven pastor hojeó los versículos que se siguen inmediatamente. Uno de ellos era, “Honroso es en todos el matrimonio, y el hecho sin mancilla; mas a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios.” Con toda rapidez se las arregló para seguir leyendo un Salmo. Esto es suficiente para ilustrar el punto. Conviene familiarizarse con lo que uno va a leer.

La postura en la oración no es problema fundamental. Algunas veces es mucho mejor ponerse de pie y orar antes de salir. En ocasiones es sabio quedarse sentados. En un hogar en donde hay cierto aprecio por la religión y en ocasiones en que lleva uno una carga intensa de oración, es mejor arrodillarse con sinceridad, deseo e intensidad. En un hospital o en un sanatorio, es suficiente con pararse al lado de la cama del enfermo y orar.

En la visitación pastoral se ganan muchas expresiones de confianza. Las madres o los padres, esposos y esposas, probablemente abren su corazón a su pastor. Estas demostraciones de confianza deben mantenerse secretas. El traicionarlas causará disgusto y arruinará la fe, produciendo con ello mucho daño. El pastor mismo sufrirá más de lo que él piensa. Muchas de estas cosas deben quedarse muy en lo profundo del corazón del hombre de Dios sin decírselas a nadie. Un pastor que anda de aquí para allá hablando lo que oye, se considera como si estuviera traicionando su propio país.

¿Debe el pastor siempre llevar a su esposa cuando sale a visitar? Generalmente, no. Debe haber algunos lugares donde es importante que ella vaya. El sentido común le enseñara a un hombre cuándo sea esto necesario. Si una mujer tiene asuntos de naturaleza delicada que divulgar al pastor, siempre  debe éste llevar a su esposa consigo. Si las condiciones en el hogar son críticas y anormales, ella debe ir. Hay ocasiones en que vale la pena, pero resulta opcional que ella vaya en compañía de su esposo. En ocasiones, se hará por el nacimiento de un niño o inmediatamente después de un funeral o de un matrimonio.

La práctica del pastor de llevar a su esposa consigo en todas sus visitas sin excepción, resultará innecesario y hasta una locura. En primer lugar, impone un trabajo arduo sobre la esposa. ¿Cómo podrá ella cuidar de la casa y de sus deberes familiares, asistir a los servicios regulares y especiales y al mismo tiempo ir con su esposo tantas veces cuantas él vaya a visitar? La única reciprocidad razonable es que el pastor ayude con los deberes de la casa, cosa que no es que el pastor  ayude con los deberes de la casa, cosa que no es correcto por no ser ésta principalmente su responsabilidad. Po supuesto, si puede tener una sirvienta que ayude tanto al pastor como a la esposa, para que ellos dediquen todo su tiempo a la iglesia sería cosa buena. Pero en muchos casos esto es una imposibilidad. El resultado es que el pastor no visita si no va su esposa con él y en consecuencia no hace suficientes visitas.

El argumento de que el hombre puede resultar avergonzado  en algunos casos, no es argumento válido. Si el pastor sabe y conserva un lugar, muy pocas veces se encontrará en la condición en que necesite protección por la presencia de su esposa. Si hay estas emergencias, él siempre puede demostrar su capacidad de rehacerse y tomar la retaguardia.

A quienes Visitar

Una de las consideraciones más importantes en el trabajo de visitación de pastor es, “a quiénes debe visitar.” Resulta indisputable que su primera obligación es hacia los enfermos y moribundos. Tan pronto como ha llegado a nuevo campo de trabajo, debe pedir información respecto a los enfermos y visitarlos tan pronto como sea posible. Durante el tiempo de epidemias, el pastor necesita dedicar todo su tiempo a  la visita de los enfermos. No debe tener miedo. Pocos, si es que alguien, han muerto ministrando a los enfermos. Por supuesto que debe observar las instrucciones de cuarenta por causa de la salud pública. Pero en su mayor parte, Dios le ha dado una cierta inmunidad al pastor que sire en la línea de su deber.

Una actitud positiva y estimulante de parte del pastor, es siempre importante al visitar a los enfermos. Debe condolecerse, pero nunca demostrar desaliento. Bien puede ser el escogido para informarle a una persona que la muerte está cerca. Entonces puede ofrecer la esperanza a través de su fe en Jesucristo y puede dar las noticias solemnes con la persona de resurrección en sus labios. El pastor que ha visto morir a una persona, puede consolar mejor en el servicio funeral y en el cementerio. Su disponibilidad en cualquier tiempo del día o de la noche puede ser conocida de toda la congregación, sean miembros o solamente amigos.

El pastor tiene una responsabilidad especial para con los enfermos y débiles, para los que tienen enfermedades crónicas y para los que no pueden asistir a los medios de gracia. Las tentaciones y las pruebas de estas personas son tan fieras y mortales como nunca en su vida. El pastor fiel no las olvidará. Las visitará tan frecuentemente como le sea posible. Hará que la iglesia recuerde especialmente en su cumpleaños y en las temporadas de navidad y de resurrección. Es probable que encuentre tiempo al principio de la semana siguiente al domingo de comunión, para ir con su juego de comunión y darla a los que no pudieron asistir para celebrar esta ocasión.

Los recién convertidos y candidatos a miembros deben estar en la lista preferente del pastor. Con frecuencia, un alma recién convertida necesita estímulo y dirección en la primera semana de su vida cristiana. Un poco de atención extra de parte del pastor pude asegurar la victoria continua en lugar del fracaso. Puede significar la diferencia entre un cristiano de éxito y un buscador. Es probable que esté esperando el ser invitado para unirse a la iglesia. Debe ser uno de los principales intereses del pastor.

No debe permitírseles  a las personas que se están volviendo indiferentes o que admitan haber caído de la gracia y estar separadas de Dios, declinar más y más en el pecado. El pastor no debe depender del próximo avivamiento para ganarlos otra vez. Debe buscar a las almas que se pierden como el buen pastor que dejó a las noventa y nueve y fue por la oveja perdida hasta que la encontró y la trajo al redil. Su fidelidad muchas veces será recompensada por el éxito. En todos los eventos tendrá él la seguridad de que ha hecho lo mejor que ha podido.  Esta clase de atención a los débiles y a los que se sienten caídos de la gracia, puede evitar que muchos nombres sean borrados de la lista. El pastor puede pedir ayuda y oraciones de los demás en este trabajo de ganar a los que han caído de la gracia.

Las gentes son humanas, muy humanas. Con mucha facilidad se entristecen y se desaniman aun cuando vienen a la iglesia. Cuando algo semejante sucede, ya sea que el pastor sea responsable o no, debe ir y poner aceite y vendar la herida de sus miembros. Nunca  debe permitir que se pase el tiempo sin que la herida sea curada, puesto que de otra manera se encallecerá. Pastor, haz tu trabajo de restauración lo más pronto posible y con paciencia. Si hay grupos en la congregación, elévate por sobre ellos para ser el pastor, aún al punto de votar en contra de él en la elección, debe vigilar cuidadosamente hasta encontrar la oportunidad de servirles y ser más bondadoso y fiel a estas personas antes que a los demás.

Sí, el pastor es el apacentador de todas las ovejas. No permitirá tener favoritos y descuidar a otros. En su corazón de amor siempre hay espacio para otro más.

Hay algunos miembros oficiales en toda la iglesia a quienes el pastor debe visitar más frecuente que a otros. Posiblemente, algunas de estas visitas sean más bien por negocio o por consejo antes que por una simple visita pastoral. Los que pagan los gastos y llevan la carga, deben participar del tiempo y la atención del pastor. Sin embargo, toda la membresía tiene derecho de recibir atención de parte del ministro. Aún la gente que vive a distancia considerable, debe ser visitada ocasionalmente. No deben quedar olvidados ni hacerles sentir que ya no son más necesarios. En algunos casos, el pastor pude usar todo un medio día para hacer una visita distante. Es probable, que al mantenerse en contacto con una familia a cierta distancia el pastor esté preservando un núcleo para alguna nueva iglesia en el futuro. De esta manera, bien puede ahorrarle a su propia iglesia un gasto pesado en el futuro. Recientemente, un joven pastor decidió limpiar la lista de la membresía de su iglesia. Una cierta familia se había cambiado como una distancia de treinta millas. Él nunca la había visitado. Le dijo a un pastor de su propia denominación, de un lugar cercano, que se estaba borrando los nombres de esta familia de la lista. El pastor amigo le dijo que no lo hiciera. Su respuesta fue, “no los quiero.” El pastor vecino dijo, “si no los quieres, es mejor que los transfieras a mi iglesia. Yo me mantendré en contacto con ellos y los salvaré para nuestra denominación.” Y así se hizo.

Efectos de la Visitación Pastoral

El trabajo de un pastor al apacentar la grey, tiene muchos efectos saludables sobre la iglesia. Quizá el más obvio de éstos sea que la gente a la que visita el pastor, con toda probabilidad retornará la cortesía asistiendo a la iglesia. Es un viejo adagio, pero tan verdadero como viejo, que “el pastor que vista casa tiene una congregación que visita la iglesia.” Es verdad que el pastor no puede visitar  todas las casas tan regularmente como él quisiera que la gente viniera a la iglesia. Pero si se toma en cuenta a las personas que están en la iglesia y las menciona, si al mirar por sobre las cabezas de su congregación procura ver si todas las ovejas están en el rebaño y les dice a las gentes que las extraña cuando están ausentes, entonces una visita ocasional en el hogar los traerá a los servicios con mayor regularidad y lealtad. Un pastor pude desarrollar un buen sentido de intuición para saber si están todos los miembros de su congregación presentes o hay algún ausente. Aun en las iglesias más grandes, si se pone debida atención, puede revisar el lunes la lista de membresía y marcar a los que estuvieron presentes o ausentes. Una visita la semana siguiente después de una ausencia o una conversación por teléfono o una tarjeta como recordatorio de que se les extraño en la iglesia, será todo lo que muchos necesitan para asistir regularmente.

Una práctica tal, ayuda mucho a cultivar la asistencia a los servicios de la iglesia. Si los miembros son regulares, los visitantes quedarán impresionados. Volverán otra vez. A la gente le gusta ir a la iglesia donde ven casa llena. Una iglesia llena no viene por accidente. Tampoco es el resultado de la buena predicación. Es la recompensa por el trabajo duro y mucho de ese trabajo duro se encuentra en la visitación pastoral.

Otro beneficio derivado de las visitas pastorales es el gusto con que la gente oye sermones del pastor. El hecho mismo de que el pastor que ocupa el púlpito, hable y ore en sus hogares, hace que su predicación más íntima, más práctica y más personal.

El pastor que gusta de visitar en las casas aumenta su amor personal y estima para con su pueblo. Es entonces cuando se vuelve el amigo personal así como el líder espiritual de la iglesia. Él es el factor unificante en la vida de la iglesia. Un pastor llegó en cierta ocasión a asumir la dirección de una iglesia completamente dividida. Fue saludado por un laico prominente quien le dijo, “Pastor, Dios lo ha enviado a usted aquí para ser el apacentador de este rebaño. Sea usted el pastor de todos y nosotros nos uniremos con usted nuestro líder y juntos haremos proezas para el reino de Dios.” El pastor joven, hizo lo mejor que pudo para cumplir con la sugestión que se le había dado. Como resultado de ello tuvo muchos años de ministerio fructífero.

Por esto no es bueno que el pastor entregue la responsabilidad de las visitas a otro. Es probable que tenga un ayudante que trabaje en cooperación con él o también que pida de vez en cuando a los laicos que le ayuden. Esto es correcto. Pero para ser él, uno de los  mejores pastores, para darse cuenta de los mayores resultados y recibí las recompensas más hermosas de parte de Dios y parte de los hombres, una buena parte del tiempo de todo pastor debe gastarse en visitación de sus feligreses.

El Pastor

Conviene en este punto dar un sumario del efecto de este ministerio sobre el pastor mismo.

Le hará más humano y accesible. Hay muchas gentes en la actualidad que consideran a los pastores como individuos separados de la gente quienes por su mayor parte han sido  inmunizados a las tentaciones y realidades de la vida. Piensan que ellos pasan sus vidas como si estuvieran envueltos en alguna substancia protectora semejante a  la substancia de alcanfor que preserva las ropas. La obra pastoral hace que el predicador llegue hasta donde está su pueblo. El hijo de Dios se volvió el Hijo del hombre para buscar y salvar  a los perdidos. Que el pastor sepa cómo identificarse con el Maestro de Galilea.

La visitación pastoral hará que el ministro sea humilde, paciente y longánime el tratar con la humanidad pecadora y necesitada. Será sencillo y sincero antes que vago y mecánico. La separación entre el predicador y su pueblo quedará así removida. La identificación será completa y se evitará al mismo tiempo la familiaridad ruda entre las personalidades.

La palabra “pastor” tiene casi el mismo significado que la palabra apacentador. Ha sido ampliada hasta incluir todo el trabajo que involucra en la dirección de una iglesia, pero la idea del apacentador no puede quitarse el concepto de apacentador, de la dirección espiritual, sin debilitar mucho el término.

El señor Jesucristo se comparó al buen pastor. Nosotros, hombres mortales, debemos sentirnos honrados de llamarnos los pastores y apacentadores del rebaño de Dios. ¿Conoceremos nuestras ovejas, nos conocen? ¿Oyen ellas nuestra voz y nos siguen y rechazan la voz del extraño?